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Cocinar en el horno

Existen muchas maneras de cocinar los alimentos: a la sartén, a la plancha, a la brasa… y cada vez son más los inventos que nos dan nuevas formas de cocinar como el microondas, la freidora, la Thermomix… Nos vamos a centrar en el horno, que consiste en introducir los alimentos para someterlos al calor de manera indirecta.

Se suele utilizar un recipiente que se coloca encima de las bandejas de horno, pero hay alimentos que se pueden preparar directamente en las bandejas del horno, como podrían ser las patatas fritas o verduras.

Para garantizarnos una buena cocción, podemos verter sobre los alimentos algún tipo de grasa como aceite, mantequilla o un caldo de cocción. También es muy común utilizar vinos para darle sabor a tus platos.

El horno te asegura una cocción mediante un calor intenso e ininterrumpido (la temperatura suele oscilar entre los 120 y los 245 Grados Centígrados), así las bacterias que pueden ser perjudiciales para la salud dejan de serlo al ser sometidas a dichas temperaturas.


Otras ventajas que tiene cocinar en el horno:

-  Se potencia el sabor de los alimentos, quedando platos con un sabor intenso.

-  Se conservan los nutrientes. Si disponemos de un horno de vapor, se pueden llegar a conservar la totalidad de los minerales y vitaminas.

-  Es una forma saludable de cocinar, ya que no requiere muchas grasas para la cocción. Los platos al horno son mucho más saludables que cualquier frito.

-  Ahorras tiempo pues no necesitas estar muy pendiente a la hora de cocinar. Puedes incluso programar la hora en la que quieres que te avise el horno para apagarlo.

-  Limpieza fácil. Esta es otra de las causas por las que ahorras tiempo, ya que no manchas muchos cacharros, cacerolas, sartenes… muchos hornos tienen incluida la opción de limpieza automática por lo que no tendrías ni que perder tiempo limpiándolo.

Si no se consume todo lo que has preparado en el horno, lo puedes conservar en el frigorífico en el caso de que lo vayas a consumir en dos o tres días. Si quieres conservarlos durante un mayor periodo de tiempo, puedes meterlos en el congelador junto al resto de productos congelados, asegurándote de que no estén calientes los alimentos que introduces, y que están herméticamente cerrados, para evitar riesgos de contacto con los alimentos congelados.

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